máquina de espresso
máquina de espresso

Angelo Moriondo: el hombre que quiso que el café no hiciera esperar

Cada vez que pulsamos un botón y, unos segundos después, tenemos un café delante, damos por hecho que siempre fue así. Pero durante buena parte del siglo XIX preparar café llevaba tiempo. Demasiado, al menos, para un mundo en el que hoteles, bares y restaurantes comenzaban a recibir cada vez más clientes.

En Turín, un empresario llamado Angelo Moriondo decidió que aquello podía hacerse más rápido. Y de esa impaciencia nació uno de los primeros pasos hacia una de las grandes protagonistas de cualquier pausa moderna: la máquina de espresso.

En el Día Internacional del Café, que se celebra cada 1 de octubre, su historia merece acompañar nuestra taza.

Turín, 1884: hay demasiada gente esperando un café

La escena nos lleva a la Exposición General de Turín de 1884. Moriondo presentó allí una máquina capaz de preparar grandes cantidades de café utilizando agua caliente y vapor. Su invento podía producir centenares de tazas en una hora y recibió reconocimiento en aquella exposición.

La idea respondía a una necesidad muy práctica: servir más café en menos tiempo.

Ese mismo año obtuvo una patente para una nueva maquinaria a vapor destinada a la preparación “económica e instantánea” del café. El mecanismo utilizaba una gran caldera para impulsar agua caliente a través del café molido y otra fuente de vapor para completar la extracción.

Para 1884, aquello era bastante revolucionario.

La primera máquina de espresso fue inventada y patentada por el italiano Angelo Moriondo en

¿Inventó entonces el espresso?

Aquí aparece el pequeño matiz que hace la historia todavía más interesante.

La máquina de Moriondo está considerada generalmente el antecedente de la máquina de espresso, y fue la primera conocida en combinar agua y vapor para acelerar de esa manera la preparación del café. Pero no hacía exactamente lo que hace hoy una cafetera profesional.

Su sistema estaba pensado para elaborar café en cantidad, no una taza individual para cada cliente.

El siguiente gran salto llegaría a comienzos del siglo XX con Luigi Bezzera, que desarrolló un sistema capaz de preparar porciones individuales. Después, Desiderio Pavoni adquirió su patente y comenzó a fabricar comercialmente aquellas máquinas en Milán.

Así que, más que buscar un único “padre del espresso”, podemos imaginar una cadena de inventores que fueron perfeccionando una misma idea.

Una máquina para ganar tiempo

Y aquí está una de las curiosidades más bonitas de esta historia: el café espresso nació también de nuestra eterna batalla contra el reloj.

Antes de hablar de crema, presión, molienda o perfiles aromáticos, el gran problema era mucho más sencillo: conseguir que la gente no tuviera que esperar tanto para tomar su café.

Moriondo aplicó tecnología a un gesto cotidiano. Agua, café, vapor y una máquina capaz de acelerar el proceso. Puede parecernos elemental desde 2026, pero hace más de 140 años significaba imaginar una forma completamente diferente de servir una bebida que ya conquistaba Europa.

Del vapor a nuestra pausa café

Las cafeteras actuales tienen poco que ver técnicamente con aquella enorme máquina turinesa. Durante décadas llegaron nuevas patentes, sistemas de presión, palancas, bombas eléctricas y mejoras capaces de controlar cada vez mejor la extracción.

Pero el propósito original resulta curiosamente familiar: preparar un buen café y hacerlo rápido.

El 1 de octubre celebramos desde 2015 el Día Internacional del Café, una iniciativa de la Organización Internacional del Café (ICO, por sus siglas en inglés) para reconocer una bebida y toda la cadena humana que existe detrás de cada taza.

Hoy, además de brindar con ella, podemos dedicar unos segundos a Angelo Moriondo. Porque nuestra pausa puede durar diez minutos, pero conseguir que el café estuviera listo en unos segundos necesitó bastante más de un siglo de ingenio.

¡Nos leemos en la próxima Pausa!