Películas que no puedes dejar de ver La soga de Alfred Hitchcock
Películas que no puedes dejar de ver La soga de Alfred Hitchcock

Películas que no puedes dejar de ver: La soga, de Alfred Hitchcock

Un apartamento elegante de Manhattan. Una fiesta a punto de comenzar. Un grupo de invitados que charla, bebe y disfruta de la tarde. Y, en mitad del salón, un arcón sobre el que se sirve la comida.

Hitchcock necesita muy poco para construir en La soga una de sus películas más inquietantes. Porque el espectador conoce desde el primer minuto algo que los invitados ignoran: dentro de ese arcón hay un cadáver.

Estrenada en 1948, La soga (Rope) convierte una reunión aparentemente sofisticada en un juego de tensión, arrogancia y sospechas. Y prácticamente sin salir de una habitación.

Un crimen como experimento intelectual

Brandon y Philip, interpretados por John Dall y Farley Granger, asesinan a un antiguo compañero poco antes de recibir en casa a familiares y amigos de la víctima.

No buscan dinero ni venganza. Su crimen nace de una idea mucho más perturbadora: consideran que algunas personas, por su supuesta superioridad intelectual, podrían situarse por encima de las normas morales.

Brandon lleva el desafío al extremo. Ocultan el cuerpo en el apartamento y celebran la fiesta utilizando como mesa el mismo arcón donde lo han escondido. 

Mientras él parece disfrutar del riesgo, Philip empieza a desmoronarse.

Es entonces cuando comienza el verdadero juego.

James Stewart empieza a sospechar

Entre los invitados aparece Rupert Cadell, antiguo profesor de los jóvenes e interpretado por James Stewart. Inteligente, irónico y muy observador, había debatido con ellos en el pasado algunas de esas ideas sobre la superioridad intelectual.

Lo que para Rupert era simplemente una provocación filosófica, Brandon ha decidido llevarlo a la práctica.

Una ausencia difícil de explicar, comportamientos extraños y pequeños detalles empiezan a despertar sus sospechas. Hitchcock cambia entonces las reglas habituales del género: aquí no necesitamos averiguar quién ha cometido el crimen. Ya lo sabemos.

La pregunta es otra: ¿cuánto tardarán los demás en descubrirlo?

Película La soga de Alfred Hitchcock

El famoso falso plano secuencia

La soga es también uno de los grandes experimentos técnicos de Hitchcock. El director quiso que la película pareciera rodada en una única toma continua y casi en tiempo real. Las cámaras de la época no permitían filmar durante tanto tiempo seguido, así que utilizó planos largos y ocultó varios cortes acercando la cámara a la espalda de un personaje o a algún objeto oscuro.

El resultado todavía sorprende. La cámara se desplaza por el apartamento siguiendo conversaciones, gestos y miradas, sin que el espectador pueda abandonar la escena.

La sensación recuerda mucho a la de estar viendo una obra de teatro desde dentro.

Cuando hasta el atardecer genera tensión

Mientras la fiesta continúa, Manhattan va cambiando al otro lado de los grandes ventanales. La tarde avanza, cae el sol y llega la noche.

Ese paisaje funciona como un reloj silencioso. Cuanto más tiempo pasa, más nervioso está Philip, más atrevido se vuelve Brandon y más cerca parece Rupert de comprender qué sucede.

Además, La soga fue la primera película en color dirigida por Hitchcock, que aprovecha precisamente ese cambio de luz para reforzar la atmósfera.

Suspense sin esconder al culpable

Esa es una de las grandes virtudes de la película. Hitchcock elimina enseguida el misterio tradicional y coloca al público en una posición mucho más incómoda: conocemos el secreto y sabemos exactamente dónde está el cadáver.

Una copa, una conversación o una simple cuerda pueden entonces generar más tensión que una persecución.

Más de siete décadas después, La soga sigue siendo una película sorprendentemente moderna por su puesta en escena, su ritmo y la sencillez de su propuesta.

Hitchcock entendía muy bien el suspense: no siempre consiste en ocultar la verdad. También puede consistir en enseñárnosla y hacernos esperar para saber cuándo la descubrirán los demás.

¡Nos leemos en la próxima Pausa!