Fotografía de Frances Benjamin Johnston pionera del fotoperiodismo
Fotografía de Frances Benjamin Johnston pionera del fotoperiodismo

Retrato de Frances Benjamin Johnston, pionera del fotoperiodismo

Con motivo del Día Internacional de la Fotografía, la trayectoria pionera, valiente y decisiva de Frances Benjamin Johnston merece una mirada atenta.  Hablar de ella es hablar de fotografía, sí, pero también de independencia, oficio y carácter. De una mujer que supo abrirse camino con la cámara en un tiempo en el que casi todo estaba pensado para que ese espacio lo ocuparan otros.

Una vida marcada por el carácter desde el principio

Frances Benjamin Johnston nació el 15 de enero de 1864 en Grafton, Virginia Occidental, y creció en Washington D. C., en el seno de una familia acomodada y bien relacionada. Su madre, Frances Antoinette Johnston, había sido periodista del Congreso para el Baltimore Sun, una figura que le transmitió tanto el gusto por el oficio periodístico como una temprana sensibilidad hacia los derechos de las mujeres. De joven, con un carácter independiente y obstinado, ya escribía artículos para publicaciones periódicas antes de dedicarse a la fotografía.

Viajó a París para estudiar dibujo y pintura en la Académie Julian, una de las pocas escuelas de arte que entonces admitían mujeres, y completó su formación en la Art Students League de Washington. La cámara llegó casi por azar: se la regaló George Eastman, amigo cercano de la familia y fundador de Kodak, y fue Thomas Smillie, director de fotografía del Smithsonian, quien la formó en la técnica y en el trabajo de laboratorio. En 1894 abrió su propio estudio en Washington D.C., convirtiéndose en la única mujer de la ciudad con un estudio fotográfico propio.

Retratos de Frances Benjamin Johnston pionera del fotoperiodismo
Retratos de Frances Benjamin Johnston.

Mucho más que una fotógrafa de estudio

Frances Benjamin Johnston no se movió en un solo terreno. Retrató a figuras relevantes de la política y la sociedad de su tiempo (desde Mark Twain hasta Susan B. Anthony), trabajó en Washington, fotografió la Casa Blanca durante las administraciones de Benjamin Harrison, Grover Cleveland, William McKinley, Theodore Roosevelt y William Howard Taft, y llegó a ser una profesional reconocida en una época en la que eso, para una mujer, no era precisamente lo habitual.

Reducirla al retrato sería quedarse corto. Lo clave de su carrera es que no se conformó con un único registro. Se movió entre el retrato, la fotografía documental -como su reportaje sobre los estudiantes del Hampton Normal and Agricultural Institute, un centro dedicado a la educación de antiguos esclavos-, el reportaje político y, más adelante, la fotografía de arquitectura y jardines. Tenía curiosidad, ambición y una forma muy consciente de mirar.

Foto de Frances Benjamin Johnston pionera del fotoperiodismo

Una pionera con cámara y personalidad

Hay algo especialmente moderno en Frances Benjamin Johnston. No solo por su trabajo, sino por la forma en que construyó su propia presencia pública. En 1897 publicó en el Ladies’ Home Journal el artículo «Lo que una mujer puede hacer con una cámara», un texto que animaba a otras mujeres a hacer de la fotografía un oficio y una vía de independencia económica. Supo moverse en un entorno profesional dominado por hombres y hacerlo con una mezcla de seguridad, inteligencia y audacia que sigue llamando la atención.

No es casual que muchas veces se la recuerde también por su célebre autorretrato satírico, posando con las piernas cruzadas, un cigarrillo y una jarra de cerveza en mano, una actitud desafiante y muy lejos del papel discreto que se esperaba de una mujer en su época. Esa imagen dice mucho sobre ella: no solo quería fotografiar su tiempo, también quería ocupar un lugar claro dentro de él.

Retrato de Frances Benjamin Johnston pionera del fotoperiodismo

Fotografiar un país que estaba cambiando

Su obra tuvo, además, un valor documental enorme. Johnston dejó imágenes que hoy ayudan a entender mejor la vida política, social y cultural de Estados Unidos en el cambio de siglo. Y ahí se sitúa una de las grandes fuerzas de la fotografía: no solo captura belleza o memoria privada, también fija una época y la convierte en testimonio.

Más adelante, su trabajo se orientó con fuerza hacia la fotografía de arquitectura, especialmente en el sur de Estados Unidos. Documentó edificios históricos en peligro en ciudades como Fredericksburg, Alexandria o Charlottesville, con encargos de instituciones como la Universidad de Virginia y ayudas de la Carnegie Corporation para registrar la arquitectura de varios estados sureños. Ese giro no le restó importancia. Al contrario: amplió todavía más el alcance de su trayectoria, le valió el nombramiento como miembro honorario del Instituto Americano de Arquitectos y reforzó su papel como figura imprescindible dentro de la historia de la imagen.

Una mujer que abrió camino

Probablemente ahí esté lo más valioso de Frances Benjamin Johnston. No solo lo que fotografió, también lo que representó. Fue una mujer profesional, visible, respetada y con una obra amplia en un momento en el que muy pocas podían aspirar a algo parecido. Y lo hizo sin quedar encerrada en una sola etiqueta, en una carrera que se extendió durante casi seis décadas.

En 1947 donó a la Biblioteca del Congreso su archivo, compuesto por miles de copias y negativos, hoy una fuente documental de referencia para historiadores y conservadores. Murió el 16 de mayo de 1952 en Nueva Orleans, ciudad en la que había fijado su residencia desde 1940.

En el Día Internacional de la Fotografía, volver a Frances Benjamin Johnston puede calificarse de justicia histórica y recuerda algo importante: detrás de muchas imágenes que hoy entendemos como memoria hubo también personas que pelearon por conquistar el derecho a mirar, contar y dejar huella.

Y ella, desde luego, lo hizo.