Vistas de la ciudad de colonia
Vistas de la ciudad de colonia

48 horas en Colonia

Colonia juega con ventaja: basta salir de su estación central para encontrarse casi de frente con una de las catedrales más impresionantes de Europa. A partir de ahí, el Rin, las casas de colores del casco antiguo, los museos, las cervecerías y los barrios con más vida hacen el resto.

¿Dos días son suficientes? Para conocerlo todo, no. Para llevarse una estupenda primera impresión de esta ciudad alemana, desde luego que sí.

Día 1: empezar por todo lo alto

La primera mañana tiene un protagonista inevitable: la Catedral de Colonia (Kölner Dom). Declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO, sus dos enormes torres dominan el perfil de la ciudad y sirven como estupendo punto de partida. Desde julio de 2026, la visita turística al interior requiere entrada, por lo que conviene comprobar horarios y reservar antes de ir.

Después toca caminar sin demasiada prisa por el Altstadt, el casco antiguo. Las plazas Alter Markt y Heumarkt, las fachadas junto al Rin y las pequeñas calles que aparecen entre ellas permiten descubrir una Colonia bastante más amable y colorida que la primera impresión monumental de la catedral.

Arte moderno… o cruzar el Rin

A pocos metros del Dom se encuentra el Museum Ludwig, una parada magnífica para quienes disfrutan del arte moderno y contemporáneo. Su colección reúne expresionismo alemán, Pop Art, fotografía y una de las mayores colecciones de Picasso del mundo.

Si los museos no entran en tus planes, dedica ese tiempo a pasear junto al Rin y cruzar hacia la otra orilla. Desde allí aparece una de las mejores panorámicas del centro histórico: río, puente y catedral formando esa imagen que inevitablemente termina en el carrete del móvil.

La noche pide una Kölsch

Para cenar, hay que entrar en una Brauhaus, las tradicionales cervecerías de la ciudad. Allí aparece la Kölsch, la cerveza local, servida en vasos estrechos y acompañada por platos contundentes de cocina renana. La Oficina de Turismo de Colonia considera esta cultura de las cervecerías una de las experiencias características de la ciudad.

Y atención a una costumbre importante: el camarero, conocido como Köbes, puede seguir sustituyendo el vaso vacío por otro lleno hasta que señales que has terminado. Aquí una cerveza puede convertirse rápidamente en varias.

Vistas de colonia junto al río

Día 2: chocolate junto al río

La segunda jornada puede comenzar caminando hacia el Museo del Chocolate. Lejos de ser únicamente una atracción para golosos, explica unos 5.000 años de historia del cacao y permite seguir su recorrido desde el cultivo hasta la elaboración. Tiene incluso fábrica de chocolate y su célebre fuente.

Al salir, continúa por el Rheinauhafen, la antigua zona portuaria reconvertida en uno de los espacios más modernos de Colonia. Sus enormes edificios con forma de grúa —los Kranhäuser— introducen una imagen completamente diferente de la ciudad y ofrecen un agradable paseo junto al Rin.

Guarda unas horas para la Colonia menos monumental

Para la tarde merece la pena alejarse del recorrido más clásico. El Barrio Belga combina cafeterías, tiendas, galerías y bares, mientras que Ehrenfeld muestra una cara más alternativa, especialmente interesante por su arte urbano. La propia oficina de turismo destaca ambos barrios entre los mejores lugares para descubrir el street art de la ciudad.

Así, las últimas horas sirven para algo importante en cualquier escapada: dejar de ir únicamente de monumento en monumento y empezar a observar cómo se vive realmente la ciudad.

En 48 horas Colonia permite subir la mirada hacia el Dom, caminar junto al Rin, descubrir arte, probar chocolate, beber una Kölsch y todavía reservar tiempo para callejear. No está nada mal para un fin de semana.

Y seguramente quede pendiente alguna cerveza para la próxima visita.