Calentar una casa aprovechando el aire exterior puede sonar extraño, sobre todo en pleno invierno. Sin embargo, incluso cuando hace frío, el aire contiene energía térmica. La aerotermia utiliza precisamente esa energía para climatizar una vivienda y, en muchos casos, producir también agua caliente.
No crea calor de la nada ni funciona únicamente cuando hace buen tiempo. Su secreto está en una tecnología bastante conocida: la bomba de calor.
En esta Pausa te contamos cómo funciona y qué hay detrás de esta tecnología.
¿La aerotermia es una energía renovable?
La respuesta requiere un pequeño matiz. La aerotermia aprovecha la energía térmica presente en el aire exterior, una fuente que se renueva continuamente. Para extraerla y trasladarla al interior necesita electricidad, por lo que el sistema no funciona de manera completamente autónoma.
La gran diferencia respecto a una calefacción tradicional es que esa electricidad no se utiliza principalmente para generar calor, sino para transportarlo de un lugar a otro.
Podemos imaginarlo como un ascensor para la energía: consume electricidad para mover calor desde el exterior hacia nuestra casa.
El frigorífico ayuda a entenderlo
Llevamos décadas teniendo una bomba de calor en casa sin prestarle demasiada atención: el frigorífico.
Un frigorífico extrae calor de su interior y lo expulsa hacia la cocina. Por eso su parte trasera puede estar caliente. La aerotermia utiliza un principio parecido, pero también puede funcionar en sentido contrario: recoge energía térmica del aire exterior, aumenta su temperatura mediante un circuito y la introduce en la vivienda.
Y cuando llega el verano, muchos equipos pueden invertir el proceso y extraer calor del interior para refrigerar la casa. Calefacción y aire acondicionado, por tanto, pueden integrarse en un mismo sistema.
¿Qué ocurre dentro de una bomba de calor?
El proceso se basa en un refrigerante que circula por un circuito cerrado. Primero, ese fluido recoge energía del aire exterior y se evapora. Después pasa por un compresor, donde aumenta su presión y su temperatura.
Ese calor se transfiere entonces al sistema de climatización de la vivienda: puede alimentar suelo radiante, radiadores preparados para trabajar a baja temperatura o unidades interiores de aire.
Cuando el refrigerante ha cedido el calor, disminuye su presión, vuelve a enfriarse y comienza de nuevo el recorrido.
El ciclo se repite una y otra vez mientras el sistema está funcionando.
¿Cómo puede sacar calor cuando hace frío?
Esta suele ser una de las preguntas más habituales. Porque que haga frío no significa que no haya energía térmica. Incluso con temperaturas exteriores bajas, el aire sigue conteniendo calor que puede ser aprovechado.
Eso sí, cuanto mayor sea la diferencia entre la temperatura exterior y la que queremos alcanzar dentro de casa, más tendrá que trabajar el equipo. Por eso el rendimiento puede variar según el clima, el aislamiento del edificio y el tipo de instalación.
Una vivienda bien aislada ayuda mucho: mantener el calor siempre resulta más eficiente que estar recuperándolo continuamente.
No todas las instalaciones son iguales
Cuando hablamos de aerotermia solemos referirnos a sistemas aire-agua, que extraen energía del aire y la transfieren al agua que circula por la calefacción o produce agua caliente sanitaria.
También existen bombas de calor aire-aire, habituales en muchos equipos de climatización, que intercambian directamente energía entre el aire exterior y el interior.
La elección depende de la vivienda, su tamaño, el clima, el aislamiento y el sistema de calefacción existente. No basta, por tanto, con comprar una máquina: un buen dimensionamiento de la instalación es fundamental.
Una tecnología cada vez menos misteriosa
Detrás de palabras como refrigerante, compresor o intercambio térmico hay una idea bastante sencilla: aprovechar energía que ya existe en el ambiente y moverla hasta donde la necesitamos.
Eso explica por qué la aerotermia ha ganado protagonismo en la climatización eficiente.
Y también desmonta una pequeña paradoja: incluso en uno de esos días en los que salimos a la calle pensando que “hace un frío que pela”, todavía queda energía en el aire esperando ser aprovechada.
¡Nos leemos en la próxima Pausa!


