Un folio en blanco, unos lápices de colores y ninguna obligación de que el resultado acabe en un museo. Esa última parte es importante. Cuando utilizamos la creación artística para desconectar, hacerlo bien importa bastante menos que hacerlo.
Dibujar, pintar, modelar o construir un collage puede ofrecernos un espacio diferente para expresar emociones, concentrar la atención y alejarnos durante un rato de aquello que nos preocupa. La relación entre arte y bienestar, de hecho, lleva años despertando el interés de la ciencia y de los profesionales de la salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha recopilado miles de estudios sobre el papel de las artes en la promoción de la salud y el bienestar.
Arteterapia no significa saber dibujar
Empecemos eliminando una posible barrera: no necesitas tener talento artístico.
La arteterapia utiliza la creación artística dentro de un contexto terapéutico. La American Art Therapy Association la define como una profesión de salud mental que combina la creación artística con conocimientos psicológicos y una relación terapéutica.
Por eso, pintar tranquilamente en casa y realizar arteterapia con un profesional no son exactamente lo mismo. Sin embargo, las actividades artísticas por sí solas también pueden convertirse en una buena forma de dedicar tiempo a una tarea creativa y apartarnos momentáneamente del ritmo cotidiano.
¿Qué tiene que ver el arte con el estrés?
Piensa en lo que ocurre cuando estás concentrado coloreando una figura, dando forma a un trozo de arcilla o intentando decidir dónde colocar cada pieza de un collage.
Durante ese rato, la atención cambia de sitio. La investigación sobre intervenciones artísticas ha encontrado resultados prometedores relacionados con la reducción del estrés y la ansiedad, aunque los efectos dependen del tipo de actividad, de las personas y del contexto. Una revisión de diferentes intervenciones creativas encontró reducciones significativas del estrés en buena parte de los estudios analizados.
Además, crear permite expresar cosas para las que no siempre encontramos palabras. Un color, una forma o un dibujo pueden servir para representar cómo nos sentimos sin necesidad de construir primero una explicación perfecta.
Cinco minutos también cuentan
No hace falta reservar una tarde completa ni comprar una caja de óleos profesionales. Puedes empezar con algo tan sencillo como dibujar durante cinco minutos sin pensar qué estás haciendo. Líneas, círculos, figuras, manchas… deja que la mano vaya por delante de la cabeza.
Otra opción es elegir tres colores que representen cómo ha sido tu día y llenar una hoja con ellos. O recortar fotografías y palabras de revistas para construir un collage con cosas que te transmitan calma.
¿Prefieres algo más físico? Modelar arcilla o plastilina añade el componente del tacto y permite trabajar sin preocuparse siquiera por saber dibujar.
Colorear también vale
Los libros de mandalas y dibujos para adultos tuvieron su momento de gloria, pero detrás de la moda había una idea bastante sencilla: una actividad repetitiva y que requiere cierta concentración puede ayudarnos a centrar la atención en una sola tarea.
Puedes probar con un dibujo ya preparado, pero también con algo todavía más libre: crear tus propios patrones y colorearlos después.
Aquí no hay notas ni jurado. Salirse de la línea está permitido.
Crear sin perseguir un resultado
Esa puede ser la regla más interesante de todas. Estamos acostumbrados a hacer cosas para obtener algo: terminar un informe, alcanzar un objetivo, completar una tarea. La creación artística puede ofrecernos justo lo contrario.
Un rato para hacer sin tener que producir. Y si el dibujo termina siendo horrible, perfecto. Puedes guardarlo, romperlo o empezar otro. Porque en esta ocasión la obra importante no es la obra que queda sobre el papel, sino esos minutos en los que conseguimos que todo lo demás ocupe un poco menos de espacio.


