Las familias son el principal pilar para los niños con Trastorno del Espectro Autista, también conocido como TEA. Estos pequeños encuentran dificultades en todo lo relacionado con la comunicación e interacción social, así como la flexibilidad del pensamiento y la conducta. Esta condición los acompaña durante toda su vida, aunque no se manifiesta de la misma manera en todas las personas. El autismo es diverso y cambiante: varía de una persona a otra y también en función de la etapa vital en la que se encuentre y de los apoyos con los que cuente en cada momento.
Por este motivo, resulta fundamental disponer de herramientas y recursos que ayuden a los niños a desarrollar habilidades sociales y emocionales en entornos adaptados a sus necesidades. En este contexto surge MILO, un robot desarrollado por la empresa RoboKind que actúa como apoyo para que los niños con autismo puedan practicar la comunicación, la interacción social y la regulación emocional de una forma guiada y segura.
Tecnología al servicio de las personas
En los últimos años, la tecnología ha comenzado a desempeñar un papel cada vez más relevante en el ámbito educativo y terapéutico. En el caso del autismo, diversos estudios y experiencias prácticas han demostrado que el uso de robots como herramienta complementaria al trabajo de los profesionales puede resultar especialmente eficaz.
Muchos niños con TEA se sienten más cómodos interactuando con un robot que con una persona, ya que la interacción resulta menos impredecible y emocionalmente exigente. Esto reduce la presión que pueden sentir durante las sesiones pedagógicas o terapéuticas y facilita un entorno en el que aprender sin estrés añadido.
MILO: un robot pensado para acompañar
MILO es el primer robot humanoide con gesticulación facial que ha llegado a España tras ser adquirido por la Universidad Politécnica de Cartagena. A diferencia de otros dispositivos tecnológicos, MILO puede moverse, hablar con fluidez y reconocer su entorno gracias a la inteligencia artificial que incorpora.
Uno de sus rasgos más destacados es su capacidad para mostrar expresiones faciales como sonrisas, gestos de sorpresa o muecas. Todo ello, sumado a su aspecto de juguete, ayuda a captar y mantener la atención de los menores, mejorando sus habilidades comunicativas y preparándolos para las interacciones sociales más básicas.
Reconocer y comprender las emociones propias y ajenas es uno de los grandes retos para muchos niños con autismo. MILO actúa como una fuente de aprendizaje predecible, repetitiva y estructurada, enseñando a los niños qué son las expresiones faciales, qué significan y en qué contextos suelen aparecer.
Mirando al futuro
Según la Confederación Autismo España, una de cada cien personas es autista. Esta cifra, además, no refleja completamente la realidad, ya que el autismo no siempre se recoge en las estadísticas oficiales y el diagnóstico suele llegar más tarde en niñas que en niños, debido a que sus síntomas pueden ser más sutiles y pasar desapercibidos durante más tiempo, ya que los enmascaran con más facilidad.
Por todo ello, resulta imprescindible seguir avanzando hacia una educación más inclusiva y apostar por la investigación y la innovación responsable. Iniciativas como la de MILO muestran cómo la tecnología puede convertirse en una aliada para mejorar la calidad de vida y las oportunidades de aprendizaje de muchos niños.
Y quizá, en medio del ritmo del día a día, detenernos unos minutos durante la pausa del café para conocer proyectos como este también nos ayude a mirar el futuro con un poco más de conciencia, empatía y esperanza.
¡Nos leemos en la próxima Pausa!


