La cocina de aprovechamiento, también conocida como trash cooking, no es más ni menos que lo que han hecho nuestras abuelas toda la vida: reutilizar sobras o los ingredientes que han quedado para crear recetas nuevas. Ellas no hablaban de sostenibilidad, pero practicaban la economía circular de forma instintiva, ahorrando y evitando el desperdicio de comida.
En la Pausa de hoy, os traemos algunas ideas para dar una segunda vida a esos alimentos que tenemos en la cocina.
Cocido tradicional: el arte de utilizar las sobras
Uno de los reyes de la cocina de aprovechamiento es el cocido en casi todas sus variantes. Un buen ejemplo es el cocido madrileño, un clásico cuando apetece un plato de cuchara reconfortante. Lo interesante viene después: con sus sobras se pueden preparar platos diferentes sin apenas esfuerzo adicional.
Planificar el cocido pensando en el día siguiente es, de hecho, una estrategia inteligente: cocinar una vez para comer dos, tres o para las que dé.
Los garbanzos: un tesoro nacional
Los garbanzos del cocido tienen un sabor espectacular. Además de disfrutarlos en la sopa (o fuera de ella, al gusto), con los que sobran se pueden preparar garbanzos encebollados con tomate, saltearlos con espinacas o transformarlos en hummus casero si tienes tahin en casa.
También puedes triturarlos ligeramente y mezclarlos con especias para hacer hamburguesas vegetales o falafel. Una forma sencilla de cambiar el formato sin modificar el ingrediente principal.
Ropa vieja: el salteado con identidad
Con los restos de la carne se hace un sofrito de ajo, cebolla y pimentón en el que se rehoga la carne desmenuzada previamente. En muchos hogares se añade también salsa de tomate para aportar más jugosidad.
Así no solo obtienes una ropa vieja sabrosa y con carácter, sino que puedes usar el sobrante como relleno de empanadillas.
Croquetas: el aprovechamiento gourmet
Si quieres sacarle más partido al cocido, puedes separar el pollo para hacer unas croquetas caseras. Además, si usas parte del caldo mezclado con la leche para hacer la bechamel, tendrá un punch de sabor extra.
Más allá de los excedentes: aprovechar antes de que se estropee
Además del uso de las sobras, esta práctica también incluye dar salida a alimentos que están a punto de estropearse o que han superado la fecha de consumo preferente (que no siempre implica que el producto esté en mal estado).
El pan nuestro de cada día
A quienes amamos el pan no es la primera vez que se nos pone duro. Lejos de ser un problema, es la excusa perfecta. Se puede rallar para empanar, hacer unas torrijas en Semana Santa o usarlo como base para un salmorejo en verano.
Frutas maduras: de la despensa a la repostería
La fruta con manchas o textura más blanda suele descartarse injustamente, cuando en realidad tiene mayor concentración de azúcares naturales. Esto la hace ideal para batidos, compotas o bizcochos, ya que aporta dulzor sin necesidad de añadir tanto azúcar.
Yogures: salsas y postres saludables
Los yogures son un aliado perfecto para hacer bizcochos, helados o vasitos de granola. Además, funcionan como base para salsas, aliños o la clásica salsa raita de la gastronomía india.
Éxito asegurado: alimentos locales y de temporada
Comprar en mercados de proximidad permite ajustar cantidades, planificar mejor los menús y reducir el riesgo de que los alimentos acaban olvidados en la nevera. Además, los alimentos de temporada no sólo están en su mejor momento, sino que nos obliga a aprender nuevas recetas para darles salida.
La cocina de aprovechamiento no va de escasez, va de ingenio. No se trata de apurar por obligación, más bien de dar una segunda oportunidad a los alimentos y explorar (a través del paladar) nuevas recetas.


