A lo largo de la historia, numerosos países han decidido cambiar su nombre oficial.. Las razones han abarcado desde la reafirmación de la identidad nacional hasta el deseo de desprenderse de un pasado colonial o proyectar una imagen más acorde con su realidad actual. Algunos de estos cambios son tan recientes que todavía generan confusión, mientras que otros llevan décadas vigentes, aunque aún arrastran el uso de la denominación anterior.
En este artículo descubrimos algunos de ellos, abordando los motivos del cambio y cómo se han integrado en el lenguaje universal:
De Holanda a Países Bajos: el cambio definitivo en 2020
Desde enero de 2020, el país situado al norte de Bélgica y al oeste de Alemania dejó de utilizar el nombre de Holanda para presentarse oficialmente solo como Países Bajos. La medida buscaba unificar la identidad del país y proyectar una imagen coherente en ámbitos como el turismo o las competiciones internacionales.
Aunque en la esfera internacional ‘Holanda’ era el término más común, en realidad designa únicamente a dos de las doce provincias: Holanda Septentrional (donde están Ámsterdam y Haarlem) y Holanda Meridional (sede de ciudades como La Haya, Róterdam y Leiden). Ambas se ubican en la costa occidental y tuvieron un gran peso económico e histórico, especialmente desde la Edad Media hasta la República de los Siete Países Bajos Unidos en el siglo XVI. De ahí que su nombre acabara eclipsando al resto del país.
De Ceilán a Sri Lanka: renovación cultural
En el año 1972, Ceilán adoptó oficialmente el nombre de Sri Lanka al convertirse en república. El cambio respondía al deseo de reflejar la identidad multicultural del país y romper con las asociaciones coloniales heredadas del dominio británico (1815-1948). El término ‘Ceilán’ provenía de la adaptación portuguesa Ceilao, pero tras la independencia se optó por recuperar ‘Lanka’, un topónimo ancestral.
Pese a ello, la denominación té de Ceilán sigue vigente como marca de prestigio internacional para uno de los productos más reconocidos de la isla.
De Persia a Irán: un concepto más amplio
El gobierno de Reza Shah Pahlaví solicitó que el país dejase de ser llamado Persia en el ámbito internacional y pasara a ser reconocido como Irán. Fue en 1935 y la decisión buscaba reflejar el nombre utilizado internamente desde tiempos antiguos y subrayar que, además de los persas (uno de los principales grupos étnicos), también formaban parte de la nación los azeríes, kurdos y otras comunidades.
El cambio se enmarcó en la política de modernización e identidad nacional impulsada por el sha entre 1925 y 1941. Aun así, el término ‘Persia’ se emplea de forma cultural e histórica para recordar la riqueza étnica y artística del país.
De Bielorrusia a Belarús: un nombre que no termina de imponerse
Tras declarar su independencia de la Unión Soviética en 1991, el país adoptó oficialmente el nombre de República de Belarús, aprobado por el Soviet Supremo de la entonces República Socialista Soviética de Bielorrusia. Desde ese momento, así figura en la lista de Estados miembros de la ONU.
Sin embargo, en la mayoría de lenguas occidentales, incluida la española, todavía se utiliza ‘Bielorrusia’; incluso instituciones como la Unión Europea mantienen esta forma. El cambio ha sido cuestionado, sobre todo por sectores prosoviéticos que preferían conservar la antigua denominación, vinculada a su pasado dentro de la URSS.
¿Conoces algún otro país que haya cambiado su nombre y cuál es su historia? ¡Nos leemos en la próxima Pausa!


