En la mayoría de los hogares, desconocemos el origen o la evolución de muchos de los objetos que utilizamos a diario. La cocina, sin ir más lejos, está repleta de ejemplos. Desde el delantal hasta el rodillo para amasar, la procedencia de estos utensilios nos lleva a recorrer la historia y la geografía mundial, encontrando sus raíces en lugares tan diversos como Francia o China.
En el caso de los cubiertos, que nos acompañan cada día para almorzar, cenar o disfrutar de un simple yogur a media tarde, su origen se remonta a distintas civilizaciones antiguas. Cada pieza, con su propia historia, despierta la curiosidad sobre cómo han acabado en nuestra mesa de forma inseparable.
La cuchara
Nadie sabe con certeza cuándo se usó la primera cuchara, pero los hallazgos arqueológicos permiten situar algunos ejemplares ornamentales y religiosos hacia el 1000 a.C. Estas cucharas, elaboradas en madera, pedernal, pizarra o marfil, pertenecían a sacerdotes egipcios y faraones. Sus diseños solían ser exóticos y estaban decorados con jeroglíficos o escenas religiosas grabadas en el mango y el cuenco.
Antes del auge de los imperios griego y romano, la madera era el material más común debido a su bajo coste y abundancia. Con la llegada de esas civilizaciones, las cucharas de bronce y plata se popularizaron entre las élites, una costumbre que perduró hasta la Edad Media.
La primera mención documentada de cucharas en Inglaterra aparece en 1259 d.C., como parte del inventario del guardarropa del rey Eduardo I. Desde el Renacimiento hasta el Barroco, el diseño de la cuchara experimentó distintas transformaciones, hasta llegar a su aspecto actual en torno al siglo XVIII. Hoy en día existen más de 50 variantes (desde las de sopa hasta las de caviar), todas con un papel específico en la cocina y en la mesa.
El cuchillo
El cuchillo tiene un origen mucho más primitivo. Sus raíces se remontan a la Edad de Piedra, cuando los primeros humanos tallaban piedras golpeándolas hasta obtener filos capaces de cortar carne y pieles. El descubrimiento de la metalurgia marcó un antes y un después: las hojas se hicieron más finas, duraderas y fáciles de manejar.
Aun así, durante siglos el cuchillo fue más herramienta y arma que cubierto. No sería hasta finales de la Edad Media cuando comenzó a usarse en la mesa. Los hombres de estatus social elevado solían portar cuchillos personales que servían tanto para defenderse como para cortar los alimentos, lo que además se consideraba un signo de distinción.
El cuchillo de mesa, tal como lo conocemos hoy, se atribuye al cardenal Richelieu en el siglo XVII. Fue él quien ordenó eliminar las puntas afiladas para evitar que se usaran como mondadientes o que se clavasen en la mesa, instaurando así un nuevo modelo más seguro y civilizado.
El tenedor
El tenedor es, quizá, el cubierto con la historia más peculiar. Su origen se sitúa en el Imperio Bizantino, concretamente en el siglo XI. Teodora, una princesa bizantina que más tarde se casaría con el Gran Dux de Venecia, mandó fabricar un utensilio que le permitiera comer sin tocar los alimentos con las manos.
Sin embargo, el uso del tenedor tardó varios siglos en consolidarse. No fue hasta el siglo XVI cuando Catalina de Médici lo introdujo en la corte francesa, marcando una nueva tendencia que se extendería poco a poco por Europa.
Cada cubierto, con su propia historia, refleja la evolución de la sociedad, de la practicidad primitiva a la sofisticación cortesana, y de ahí a la mesa moderna. Lo que hoy consideramos algo cotidiano como coger una cuchara para el café o usar un tenedor para la pasta, es el resultado de siglos de cambios culturales, avances tecnológicos y costumbres sociales.
¡Nos leemos en la próxima Pausa!


