Cuatro enseñanzas estoicas para aplicar en el Siglo XXI

¿Quieres vivir bien y feliz dentro de un mundo cambiante e impredecible? En este artículo queremos mostrarte cómo una corriente filosófica que surgió hace más de 2.000 años puede ayudarte a manejar el caos de tu vida actual y afrontarlo con paciencia y serenidad. Es momento de adentrarte con nosotros en las enseñanzas de Séneca, Epicteto o Marco Aurelio.

No nos afecta lo que nos ocurre, sino bajo qué prisma lo miramos.

A veces vivimos en una constancia de pesimismo en la que solemos victimizarnos por las circunstancias, ser extremadamente sensibles con lo que nos ocurre e incluso ofendernos por todo lo que nos rodea. Sin embargo, podemos elegir cómo afrontar las situaciones que nos ocurren de forma cotidiana. Si en lugar de llevarnos un disgusto por las cosas negativas, no las dejamos interferir en nuestro estado mental, ganaremos en tranquilidad.

La virtud logra la felicidad…

En una sociedad extremadamente competitiva y consumista, tendemos a pensar que la felicidad viene de la mano del éxito material o del reconocimiento ajeno. Sin embargo, nada más alejado de la filosofía estoica, donde la felicidad puede alcanzarse sin necesidad de ese estatus, sino simplemente haciendo lo correcto. En definitiva y aunque pueda sonar irreal, la satisfacción de actuar en conciencia puede suplir otras carencias como un buen estado socioeconómico. Prueba de ello pueden ser las acciones de voluntariado.

…y el hábito la eficiencia.

Para luchar contra la pereza inherente a casi cualquier humano, es buena opción apoyarse en el establecimiento de hábitos que nos ayuden a lograr el equilibrio en nuestra vida. Adoptar rutinas como una buena alimentación, el ejercicio, el establecimiento de horarios o la lectura, nos ayudará a incorporar de forma automática ciertas conductas beneficiosas para nuestra vida, mejorando nuestra constancia y eficiencia. 

El esfuerzo tiene su recompensa

Vivimos en la cultura del “porque yo lo valgo” y de la gratificación inmediata. Sin embargo, los estoicos pensaban que el esfuerzo al final siempre tiene su recompensa aunque tarde en llegar. Por eso, es conveniente ser perseverantes en aquello que nos propongamos y saber cuál es la meta.  

Aunque aparentemente estas cuatro máximas sean muy obvias y sencillas, en ocasiones parece que nos olvidamos de asumirlas y aplicarlas. Al principio puede parecer complicado de conseguir y poco realista, pero si nos esforzamos un poco, pronto descubriremos que un cambio de perspectiva nos puede hacer ganar en calidad de vida.

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